domingo, 25 de noviembre de 2007

Museo del Prado

Esta mañana, a las diez y cuarto, la cola para entrar en el Museo del Prado era de unas dos horas según informaba una señorita con chubasquero reflectante del equipo de seguridad que se encontraba dando planos a quienes aguardaban pacientemente.

He dejado pasar unas semanas desde la inauguración de la ampliación para volver a hacer una visita matutina. Intentar recorrer ocho o diez salas y luego tomar unas cañas por Huertas. No tenía intención de visitar la exposición temporal de Velázquez, que suponía podía estar más concurrida. Y teniendo en cuenta que las mañanas de domingo son ahora de pago esperaba que uno pudiera acceder en diez o quince minutos, como máximo. Lo imprescindible para que haya un cierto control por razones de seguridad.

Pero no. Alguien ha debido decidir que para entrar en el Museo del Prado hay que superar una prueba de resistencia física. Hace unos años escuché a alguien decir que no dejaría entrar en un Museo a quien no superara un examen de conocimientos culturales básicos. Puestos a elegir, creo que lo del examen está más justificado que la capacidad de aguante al frío.

¿Tan difícil es poner unas máquinas automáticas expendedoras de entradas? ¿Multiplicar por diez o por quince quienes atienden en las taquillas y los controles de seguridad? ¿Vender entradas en todos los grandes almacenes, en las tiendas de alrededor, en los puestos de libros de la Cuesta Moyano,…? ¿O es que realmente pretenden disuadir de la visita?

Por favor, ¡que se vayan a la calle todos los responsables del Prado! Desde el jefe de taquillas hasta el Presidente del Gobierno. Todos de los que dependa jerárquica o funcionalmente el acceso al Museo. ¡Que los inhabiliten para ejercer cualquier cargo o responsabilidad pública! ¡Les incrementen un 500% su IRPF para compensar sus desmanes!

¿Hay algo culturalmente más valioso en España? ¿Algo a lo que prestar más atención?

Si esto pasara en una empresa privada, sus responsables no se irían a dormir hasta que no hubieran encontrado una solución. No descansarían los fines de semana. Tomarían medidas provisionales hasta que encontraran una forma eficaz de solucionarlo de forma definitiva.

Pero resulta que hemos dejado Las Meninas, El Jardín de las Delicias y Las Majas al cargo de los más mediocres. De quienes son incapaces de prever que el arte interesa a alguien más que a ellos.

Tiene guasa. Los partidos gastándose nuestro dinero en vídeos absurdos, en proclamaciones evidentes de candidatos,… Y la gente haciendo colas de más de dos horas para poder entrar en un Museo.

El pueblo preocupado por el arte, la cultura y la belleza, y sus políticos y funcionarios tratando de impedir que puedan acceder a ello.

¿Para esto les pagamos?

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